Myanmar

La gente de Myanmar

La posibilidad de visitar Myanmar fue una revelación sorprendente a lo largo del camino. Los dos habíamos soñado con ir a este país, pero renunciamos a nuestras esperanzas antes de iniciar el viaje, pues el proceso de solicitud de visa era complicado en ese momento.

Desde el inicio de nuestra visita, nos sentimos fascinados por el aspecto auténtico de Myanmar, pero más que nada, nos enamoramos de su gente. Dondequiera que íbamos, siempre estaban interesados ​​en ayudarnos e interactuar con nosotros. Tres expresiones en birmano mingguhlaba (hola), jayzu dingbade (gracias), y ta-ta (adiós) fueron suficientes para construir un puente de comunicación con la gente en cada ciudad que visitamos. Niños y adultos parecían felizmente sorprendidos al oírnos “hablar” su idioma y respondían con risas de alegría y motivación.

Tren

Mientras viajábamos alrededor de Yangon en tren, Hlatoo, un pasajero local, comenzó de manera espontánea una conversación agradable con nosotros sobre su ciudad. Zanaka, un monje budista, Yeyint y Alphakhant, dos estudiantes de odontología nos preguntaron si podían unirse a nosotros en nuestro camino hasta el templo en la cima de la colina de Mandalay para practicar inglés y hablar de diferentes temas, incluyendo la noticia feliz de una elección democrática en Myanmar en el 2015. Después de oírnos hablar en español, May Lay, una pasajera en el autobús procedente de Bagan, nos preguntó sobre nuestras nacionalidades y se mostró entusiasmada de practicar su español con nosotros. Ella nos habló sobre la música latina que más le gusta mientras compartíamos el mismo taxi hasta nuestro destino final. Y así como todos ellos, nos encontramos con muchas otras personas en el camino, que sin importar nuestras barreras lingüísticas, fueron siempre amables, ofreciéndonos su tierna mirada, sonrisas, e incluso el inicio de una conversación.

En Yangon, Mandalay y Bagan, el sentimiento cálido de la gente de Myanmar fue una invitación constante a quedarnos. Fuimos espectadores respetuosos de sus costumbres y tradiciones, las cuales se expresan a diario en las faldas largas de los hombres (Longyi), los dientes rojos y escupitajos rojos sobre el piso de concreto por mascar nuez de betel y tabaco, la pintura facial extraída de un árbol, los niños cantando libres de vergüenza, las mujeres cargando productos pesados ​​sobre sus cabezas para vender, los hombres jugando juegos tradicionales en la calle, y los gestos. La comunicación corporal de la gente de Myanmar también es especial, ellos tienen sus propias maneras de darse la mano o entregar cosas a los demás (cruzando una mano sobre el codo opuesto o sosteniendo el objeto con ambas manos), decir que no (con la mano abierta, rotándola la muñeca de izquierda a derecha), y solicitar la atención de los meseros en los restaurantes (haciendo el sonido de un beso).

Faldas largas y juegos tradicionales
Tabaco
Niñas birmanas
Pintura facial
Lago Amarapura

Sólo hubo una cosa que borró nuestras sonrisas en todos los lugares a los que fuimos: Niños trabajando en lugar de tener la oportunidad de obtener una educación. Ver estos niños en los restaurantes, bares, hostales, calles y lugares de interés turístico nos dejó con un sentimiento de desesperanza sobre lo que realmente podría ser un mejor futuro para Myanmar… Tuvimos conflictos internos muchas veces al tomar la decisión de convertirnos en clientes de estos lugares y apoyar algo con lo que estamos en desacuerdo, pero esta realidad se ve a lo largo de todo el país y era difícil evitarla.

El país está cambiando rápidamente. Myanmar tiene ahora un gobierno democrático en proceso y ha abierto sus fronteras a los extranjeros. Nos fuimos de Myanmar con un gran deseo de quedarnos por más tiempo y la ansiedad de pensar en las formas en que la influencia occidental y el turismo masivo podrían cambiar el corazón amable de su gente. ¡Sólo el tiempo nos dirá que trae el futuro, pero la Myanmar que disfrutamos estará eternamente viva en nuestra memoria!

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