Marruecos

Nuestro retiro al Sahara

Visitamos el desierto del Sahara por dos noches desde el 20 de Diciembre del 2014. En la localidad de M’hamid, hicimos arreglos con una empresa turística y partimos el mismo día. El paquete incluye el transporte en un vehículo 4×4 a las dunas de arena de Erg Chigaga, alojamiento, comida, paseo en dromedarios y tablas para deslizarse en la arena (sandboard). Viajamos en carro los 60 km (37 millas) entre M’hamid y Erg Chigaga contemplando la resiliencia del desierto. Después de unos días de fuertes lluvias, un río que se había ido por casi 6 años volvió a la vida y plantas verdes empezaron a crecer felizmente del suelo aparentemente inerte.

Desde el carro, nuestro guía nos habló de una planta venenosa que los animales y los nómadas del Sahara no se comen porque causa ceguera. También le pidió al conductor que se detuviera para que pudiéramos degustar las nuevas plantas de rocket espumantes en la tierra luego de la bendición de la lluvia, ¡ideales para una ensalada! “Los animales y las personas nómadas del Sahara están felices”, dijo, “pocos días de lluvia han traído vida al desierto por los próximos 5 años”, aseguró. Durante el recorrido de 2 horas, entramos en el desierto subtropical caliente más grande del mundo y fuimos testigos de diferentes paisajes, pequeñas tiendas de campaña y refugios de los pueblos nómadas, un oasis con una preciosa fuente de agua, hombres paseando a sus dromedarios y las mujeres cuidando a las cabras.

Rocket
Campamento
Comida

Una vez en Erg Chigaga la vista de lo que parecían interminables dunas de arena nos llenó de emoción. El campamento hermoso y cómodo que funciona con energía solar se convertiría en nuestro hogar durante las próximas dos noches. El té marroquí, los tajines y el cuscús eran nuestras delicias. Por casualidad, habíamos elegido el momento perfecto para visitar el Sahara, pues era una nueva luna y su ausencia era perfecta para que el resto de las constelaciones aparecieran en el espectáculo de la noche. Las temperaturas durante el día y la noche nunca fueron tan extremas como imaginamos sería un invierno en el desierto. Durante el día estaba soleado y fresco al mismo tiempo, tranquilo y agradable. Por la noche era más fresco, pero nunca a punto de congelación o insoportable como nos temíamos. La ajetreada temporada turística comienza con las vacaciones de Navidad y termina en abril del año siguiente. Los días que estuvimos allí, sólo tuvimos que compartir el campo con otra pareja de los Estados Unidos y el personal de la empresa turística. La ausencia de turistas garantizo la tranquilidad e intimidad de nuestra experiencia.

La primera tarde, nos fuimos de paseo en dromedario desde nuestro campamento a las dunas de arena. Nos pusimos de acuerdo para montar estos animales después de verlos sanos y convencernos de que reciben un tratamiento adecuado por parte de sus propietarios. El viaje fue agradable: fusionándonos nosotros mismos con el lento ritmo de los dromedarios y el silencio profundo del desierto. Al final del viaje, las enormes dunas de arena nos estaban esperando. Caminamos hasta la cima de las dunas sintiéndonos emocionados y sumergidos en sus arenas movedizas. ¡El color naranja brillante en contraste con los últimos rayos de sol era simplemente hermoso! Desde el punto más alto al que llegamos, Sal, un surfeador de la nieve de corazón, cumplió su sueño de surfear en la arena por primera vez. No fue tan fácil como pensábamos, pero fue muy divertido sentarse en la tabla e ir cuesta bajo sobre el trasero 😉 En el segundo día, fuimos dos veces desde el campamento hasta las dunas de arena, disfrutando el aplastar y la textura de la arcilla seca que se forma en el suelo al secarse la arena. Desde lo alto de las dunas, fuimos testigos de la puesta del sol por segunda vez.

Surfeando en la arena

Música bereber

Pan de arena

La primera noche le dimos la bienvenida al solsticio de invierno bajo la más bella noche estrellada hemos visto en nuestras vidas hasta ahora. Mientras que alrededor del fuego, escuchamos los tambores y canciones de la música tradicional bereber de los pueblos nómadas, deseando que nuestros seres queridos también pudieran estar presentes. Vimos hacer y degustamos el delicioso pan de arena hecho en el fuego. Las espectaculares estrellas y la Vía Láctea nos hicieron pensar en la inmensidad del universo del cual somos sólo una parte minúscula. Pensamos en la época en que para los humanos la vida tenía sentido sobre la base de su entorno, la importancia de la naturaleza, el sol, la luna, las estrellas, la lluvia, las estaciones, etc. Cuando la idea de “un Dios” era algo inaudito porque jamás una sola fuerza podría explicar la perfección de la Tierra y lo privilegiados que somos de vivir en ella.

Nuestro viaje al desierto del Sahara fue sin duda una de las mejores experiencias de nuestro viaje. Se lo recomendamos a cualquiera que quiera visitarlo y personalmente deseamos volver a este mágico lugar en algún momento de nuestras vidas.

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